Policías, pandillas y taxistas, pilares del narco

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En todas las grandes ciudades hay policías corruptos, taxistas vendedores de droga, prostitución y sicarios; la diferencia es que están acotados

 

El Congreso y sus aliados, entre el daltonismo y el espectro autista

 

Cancún, Quintana Roo (25 de septiembre).- Los cuerpos policíacos, se sabe hace tiempo, se encuentra infiltrados por grupos criminales que mantienen a efectivos en su nómina. En distintos momentos se ha conocido de esa situación en reportes oficiales y extraoficiales. La batalla que se libra al interior de esas corporaciones es constante y compleja.
De la misma manera, se ha ido construyendo un mapa sociológico que apunta claramente a los jóvenes que militan en las diversas pandillas (más de cien en Cancún y otras más en Playa del Carmen), como parte fundamental de la red de `soldados´, por decirlo de una manera eufemística–, al servicio de los grupos criminales que asuelan la zona norte del estado.

Este sector, el de los jóvenes, es quizás el más preocupante porque ni bien se podría identificar a los que están involucrados actualmente, cuando decenas de ellos están ávidos de ser tomados en cuenta para servir a esos intereses, si entendemos que no hay una cobertura educativa suficiente y mucho menos oportunidades para insertarse en la dinámica económica de estas ciudades.

Sin embargo, de pronto hemos olvidado que los taxistas (obviamente no todos pero si una cantidad considerable), son también parte de esta estructura del accionar de las mafias violentas, que lo mismo distribuyen drogas ilícitas, como también cometen extorsiones, asesinatos, secuestros… en fin, delitos de alto impacto.

Los sindicatos de taxis, que se encuentran en su mejor momento luego de librar y ganar una batalla en contra de la entrada de las plataformas digitales (Uber, Cabify, entre otras), han dejado de ser un organismo ciudadano comprometido socialmente.

Veamos:

Hace todavía unos diez años, los sindicatos de taxis tradicionales, se jactaban de que participaban activa y responsablemente en la solución de algunos problemas cotidianos de las ciudades.

Presumían de que colaboraban en el hallazgo de personas perdidas, de regresar alguna cartera o teléfono olvidado, e incluso de participar en alguna persecución para dar con el paradero y detener algún ladrón de bolsos, o incluso, de bancos.

Decían que sus siete mil unidades y sus más de 13 mil conductores, eran algo así como los `ojos vigilantes´ que abarcaban con su mirada amplia todos los rincones de la ciudad, y más allá.

Actualmente hay numerosos reportes de taxis clonados, de choferes involucrados en la venta de estupefacientes y son inocultables los casos donde algunos de estos han sido víctimas de violencia, siempre con la sentida sospecha de que forman o formaron parte de las actividades de esos grupos criminales que asuelan a Cancún y Playa del Carmen.

Y es cierto que no se trata de un problema exclusivo de esta región del país.

En todas las grandes ciudades de México y del resto del mundo, los taxistas son los prestadores de servicio de primer contacto con cualquier viajero. Son, igualmente, los `ojos vigilantes´ de todas esas urbes.

Sin embargo, no por el hecho de que en todas las ciudades haya mafias, prostitución y narcotraficantes, se debe abandonar la tarea de gobernar a esos grupos.

En Cancún y Playa del Carmen de pronto da la impresión de que las mafias, y específicamente estos sectores (policías infiltradas, pandilleros convertidos en sicarios y taxistas avenidos en mensajeros de paquetería), tienen más poder que las propias autoridades encargadas de combatir a esos criminales.

Se trata de identificar bien los puntos de conflicto y de dar esos golpes precisos para ir destejiendo este enredo que aparentemente nadie entiende, y por lo tanto nadie resuelve.

 

El Congreso y sus aliados, entre el autismo y el daltonismo

Eduardo Martínez Arcila llegó a presidir la Legislatura con una actitud de adalid del combate a la corrupción y presunto maestro de las verdaderas artes de hacer política. No pasó mucho tiempo cuando demostró que no tiene la más mínima capacidad de tender puentes y de formar alianzas rentables para beneficiar a la sociedad. Y de su vocación de reyezuelo ni se diga. Salió peor que sus antecesores.

Aún no ha podido siquiera dar una respuesta de dos frases para enterar a los ciudadanos de los cien millones de pesos que se repartió con sus cuates.

Recientemente ha hecho un curioso tanto como absurdo llamado:
“Es momento de hacer equipo por Quintana Roo”, ha dicho.

Y eso desde su posición de preeminencia, es la aceptación tácita de que su ejercicio fue plenamente autista, sin reconocer a los demás, sin incluir a nadie más que a su grupo.

Es decir, según esa visión `arcilesca´, antes nunca ha sido o fue “tiempo de hacer equipo”.

Fue tiempo de juntar para sí mismo y para los suyos.

La prueba son sus aliados. Daltónicos que ven únicamente en blanco y negro… entre buenos y malos.

Martínez Arcila y ese grupúsculo de legisladores que se sirvió del Congreso sin servir a los ciudadanos, acabaron reducidos en una caterva de saqueadores, de grotescos remedos de politiquillos sin ninguna altura de miras. Mínimos.

Baste ver a su entenado y pupilo, Fernando `Chino´ Zelaya, quien ha renunciado a ser parte del cabildo de Othón P. Blanco, por el cual compitió, con el argumento de “darle espacio a nuevas generaciones”.

¡Mi vido! El `Chino´ Zelaya ni siquiera alcanzó a convertirse en la representación fresca de una nueva generación y ya se pudrió. @AntonioCallejo

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