¿Por qué la violencia en Cancún no se va a acabar?

REPORTE ESPECIAL DE DESTRIPACUENTOS

Por Antonio Callejo

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La llamada “guerra contra el narco” en nuestro país es apenas la punta del iceberg de un asunto de mayores dimensiones.

 

 

En realidad se trata de una visión estrecha si se piensa que sólo en México se combate y se pierde la lucha contra las mafias del narcotráfico.

 

Se trata de un escenario multinacional, donde los criminales, poderosamente armados y enriquecidos, han hecho de esta región del planeta su amplio campo de acción

 

CANCÚN, QUINTANA ROO (28 de diciembre).-La violencia de las mafias del narcotráfico es sin duda el principal pendiente que deberá afrontar quien sea elegido nuevo presidente de México. Y para ello deberá abordar el asunto como un tema de extrema complejidad y en un entorno globalizado.

Porque se trata de un asunto con diversas aristas que rebasan las fronteras del país, pero que se resienten de forma específica dentro del territorio nacional.

Investigadores y analistas que observan el fenómeno, hacen advertencias muy serias e inquietantes sobre el rumbo que puede tomar este pendiente si no se toman medidas para contenerlo y combatirlo.

El escenario en una panorámica es el siguiente: México se encuentra entre grandes presiones de grupos criminales y consumidores de drogas. En Estados Unidos, al norte, se encuentra el mayor mercado de drogas en el mundo, pero al mismo tiempo un arsenal de armas de desecho que se envían a nuestro país como parte de ese intercambio; y en el sur, países de Centroamérica son el origen de peligrosas pandillas itinerantes, cuyo periplo les ha permitido residir aquí y hasta asociarse con cárteles mexicanos.

Adicionalmente, países sudamericanos como Colombia, Bolivia y Perú, son sedes de fabricantes de drogas duras como la cocaína, aunque sus rutas de envío hacia México y Estados Unidos se han establecido incluso en Panamá, Venezuela, Cuba, con métodos e instrumentos cada vez más sorprendentes. El resultado es, precisamente, este campo de batalla donde grupos antagónicos se disputan el control de ciudades y estados mexicanos a sangre y fuego. Los cárteles de origen nacional, además, ya tienen una presencia reconocida en Estados Unidos, Centroamérica e, incluso, en Europa. El nudo de intereses es muy complejo y sus alcances han traspasado las fronteras.

 

FBI: PANDILLAS MEXICANAS, TEMA DE SEGURIDAD NACIONAL

En su página oficial, la oficina del Federal Bureau of Investigation (FBI), colocó en la categoría de “problema de seguridad nacional” a la presencia cada vez más notable de pandillas de origen mexicano. Y la frontera no es su único campo de acción. Su red de conexiones ha llegado a Chicago, Nueva York, Los Ángeles, entre otros estados.

El gobierno del ex presidente Barak Obama se adjudicó un golpe de gran relevancia en contra del “Cártel de Los Zetas”, que hasta entonces se consideraba únicamente un grupo de sicarios con actividades de extorsión y narcotráfico sin relaciones fuera de México.

Y más recientemente, el presidente Donald Trump se refirió a las pandillas que provienen de Centroamerica como un `problema de seguridad nacional´. Sus medidas de deportación inmediata están relacionadas con ese perfil de migrantes, que están vinculados con organizaciones como la `Mara Salvatrucha´ o la `M-13´.

Informes de inteligencia militar, que ya hemos reseñado en este espacio, refieren que las pandillas cancunenses, de las que hay más de 100 registradas, están embebidas de la cultura de aquellas organizaciones centroamericanas como las que citamos en el párrafo anterior.

Si aquí sabemos que hay una presencia de mafias como la de los `Zetas´, o el `Cártel Nueva Generación´ de Jalisco, debemos saber también que ya tienen presencia desde hace tiempo en Estados Unidos.

Ese es el punto. Que Cancún, como centro neurálgico de una dinámica económica que atrae `de todo´, se encuentra atenazado por ese crecimiento exponencial de las mafias criminales más poderosas de esta región del mundo.

Hay que recordar que el influyente diario The New York Times reportó la detención de Miguel Ángel Treviño Villarreal, hermano de José Treviño Villarreal, líder principal de “Los Zetas”. Lo interesante de esa captura es que se realizó en la ciudad de Ruidoso, en Nuevo México, donde este personaje fincó una vistoso y ostensible negocio con la cría de caballos “cuarto de milla”, especiales para competencias en un exclusivo circuito en ese país.

Además de la captura, el Departamento de Justicia de Estados Unidos incautó ranchos, establos y caballos conocidos como “cuarto de milla”, que ganaron premios millonarios en los últimos años, por lo que están valuados en varios miles de dólares.

“José Treviño mantenía un bajo perfil en Estados Unidos, haciéndose pasar como un simple inmigrante. En 2008 Miguel Ángel Treviño y otro de sus hermanos de nombre Óscar Treviño, comenzaron a enviar dinero a José para que comprara caballos y así “lavara” el dinero obtenido producto del narcotráfico. Pese a esto, José se presentaba ante sus socios como un migrante mexicano que recibía ayuda de su familia. Sin embargo la situación empezó a cambiar a medida de que sus compras y victorias eran cada vez más ostentosas”.

La información publicada en NYT refiere que junto con sus colaboradores ganó al menos 20 millones de dólares en las carreras de caballos, mientras “lavaban” el dinero del narco. Para continuar con sus éxitos en ascenso, José Treviño contrató a Ramiro Villarreal, un experto en el ambiente de las carreras de caballos. Este sujeto se encargaba de seleccionar a los animales que compraba Treviño.

En 2010, Mr. Piloto (uno de los caballos más valiosos), se llevó la victoria en la `All American Futurity´, con un premio de un millón de dólares. `Temptin Dash´, `Dashin Follies´, `Coronita Cartel´ y `Separate Fire´, son los nombres de otros equinos que también dieron importantes ganancias a la organización.

La fama y fortuna tentaron a Treviño por lo que comenzó a aceptar que le tomaran fotografías con sus jinetes y caballos, e incluso se daba el tiempo para dar entrevistas a algunos medios de comunicación.

 

‘EL CHAPO’ GUZMÁN, EL ADMIRADO

En este contexto global de las mafias mexicanas, ocupa un lugar especial Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, quien logró fugarse del penal de alta seguridad de Puente Grande, en Jalisco, durante el sexenio de Vicente Fox Quesada, Y luego del `Altiplano´, con Enrique Peña Nieto. Actualmente, su retención en Estados Unidos es considerado por el gobierno de Estados Unidos como un gran logro, incluso luego de la muerte de Osama Bin Laden.

En el `Museo de la Mafia´, en Las Vegas, se exhibe actualmente una maqueta que explica a detalle la fuga de Joaquín Guzmán Loera.

Y numerosas series de televisión demuestran la curiosa admiración que se le tiene a este capo de las drogas.

El propio The New York Times publicó un reporte especial en su revista dominical de abril de hace un par de años, donde presenta a ‘El Chapo’ como un moderno “Barón de las drogas”, con capacidad de innovar y reinventar el negocio del tráfico de cocaína hasta obtener ganancias equiparables a las de los nuevos empresarios de la Internet y las nuevas tecnologías.

El diario publicó, con datos de la Corporación RAND, que el ingreso bruto de las exportaciones a EU de los cárteles mexicanos es de 6.6 mil millones de dólares.

Si la organización de ‘El Chapo’ aún le corresponde entre el 40 y 60 por ciento, esto significa que recibe anualmente unos 3 mil millones de dólares, cifra equiparable a las de Netflix, o en este año Facebook, según ese reporte.

El influyente periódico reveló también que en agosto de 2011 la esposa de Guzmán, Emma Coronel, dio a luz a dos gemelas en Los Ángeles.

Las pequeñas son hijas del líder del cártel de Sinaloa. Estados Unidos no pudo impedir que nacieran en ese país porque Coronel es ciudadana norteamericana.

 

TRÁFICO DE ARMAS DESDE EU Y CON AVAL DEL GOBIERNO

Uno de los mayores escándalos que enfrentó la administración de Barak Obama, fue precisamente una iniciativa que pretendía en aquel entonces dar con el paradero de ese narcotraficante mexicano, pero al fracasar ocurrió lo contrario. Fortaleció a las mafias y las dotó de poderosas armas utilizadas para acentuar todavía más la violencia.

“Rápido y furioso” fue un programa del Departamento de Justicia estadunidense, implementado por la Oficina para el Control de Bebidas Alcohólicas, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF por sus iniciales en inglés). Consistió en instruir a agentes “espías” que ingresaron a México, para hacerse pasar por traficantes de armas. Con esa coartada, introdujeron al país más de 10 mil unidades de armas de alto poder, entre rifles AK-47 y R1.

Ya los medios norteamericanos han dado cuenta de esta fallida operación. Barack Obama maniobró con un decreto de alta confidencialidad que impide hasta ahora conocer la información de “Rápido y furioso”, mientras los cárteles mexicanos se quedaron con las arma.

 

 CRUELDAD DEL SICARIATO; DECAPITADOS, DESMEMBRADOS Y MÁS…

Entre tanto, drogas como la cocaína siguen entrando a Estados Unidos, a través de territorio mexicano, producidas y enviadas en grandes cantidades por los cárteles colombianos. Incluso, han evolucionado en sus métodos de transportación para pasar de las lanchas rápidas a submarinos nada rudimentarios. Otro factor que identifica Samuel Logan y otros especialistas de este fenómeno, incluso el británico Ioan Grillo, quien publicó el libro “El narco” sobre la realidad en el país, es la gran cantidad de miembros de peligrosas pandillas centroamericanas como la “Marasalvatrucha”.

Sujetos pertenecientes a esas cofradías de pandilleros, estimada en más de 70 mil miembros y con presencia en Estados Unidos, México, Guatemala, y desde luego El Salvador, de donde son originarios, se han aliado con narcotraficantes mexicanos, específicamente con el grupo criminal de “Los Zetas”.

Grillo, de origen británico y un conocedor de la realidad de América Latina y de México en específico, califica el accionar de esas mafias criminales como una “insurgencia criminal contra el gobierno”. Dice:

“Lo que tenemos hoy en México es una insurgencia criminal, una rebelión armada sin ideología que combate al Estado”, son palabras del periodista británico Ioan Grillo, de 46 años, autor de “El narco” (Editorial Urano), cuya versión en inglés se ha convertido en una referencia mundial sobre el conflicto. El libro es fruto de casi una década de reporterismo para la BBC, la CNN, Time y la agencia Reuters, y de decenas de entrevistas con sicarios, policías, militares, abogados y familiares de víctimas y asesinos.

Según cuenta Grillo, ha recorrido las zonas más peligrosas de México, ha sido amenazado y visto morir a sus fuentes –“a uno lo entrevisté el jueves y lo mataron el martes”-, pero reconoce con modestia que los peligros que ha pasado no son nada comparados con los que sufren los periodistas mexicanos.

El subtítulo del libro es “En el corazón de la insurgencia criminal mexicana”. Y explica el porqué: “Falta un lenguaje para describir este conflicto. Hay mucha confusión. El narco es un fenómeno político y paramilitar, no se puede entender en términos de crimen organizado. La peor masacre de Al Capone fueron siete muertos cuando la matanza del día de San Valentín. Aquí hemos visto fosas comunes, decenas de asesinados al día, secuestros masivos, 49 cuerpos decapitados una mañana. Lo que tenemos ahora son grupos armados formados por la delincuencia organizada dirigidos por caudillos del crimen, caudillos postmodernos, que combaten al Estado. Por eso lo de insurgencia criminal”.

Para el periodista, este punto de la violencia en el país se fue desarrollando en varias etapas: “La primera -explica-, empieza en 2004 durante la presidencia de Vicente Fox. Estalló la guerra entre el cartel de Sinaloa y el del Golfo, cuyo brazo armado eran los Zetas, por Tamaulipas, donde el tráfico de drogas superaba ya al de Tijuana o Ciudad Juárez. Había una ruta nueva -Dallas, Atlanta, Nueva York, que Sinaloa no controlaba. Entonces nadie le dio importancia a los Zetas pero se pasó de una violencia local entre pandillas a una guerra con grupos paramilitares”.

 

INICIAN LAS DECAPITACIONES, Y EL GOBIERNO YERRA LA ESTRATEGIA

Asegura que la segunda fase arranca en 2006 cuando aparecen en Acapulco los primeros dos decapitados. La violencia crece porque los narcotraficantes empiezan a pensar como soldados y luchan por controlar el territorio empleando  tácticas para infundir terror como se había hecho en Centroamérica. Para el 2008 los asesinatos se disparan, el conflicto amenaza ya al Estado y el Gobierno empieza a ser incapaz de imponer las reglas. Es entonces cuando el presidente Felipe Calderón lanza la guerra contra los carteles.

Con la guerra Calderón solo echa gasolina al fuego. Pone un Estado podrido a luchar contra los carteles sin ningún plan maestro. Se lanza a combatir una industria que emplea a miles de personas y mueve miles de millones de dólares y todo sale al revés. Ahora el Estado solo reacciona ante los muertos.

En la tercera etapa, la que empieza en 2010 con una escalada brutal de la violencia. Es una guerra entre los caudillos de los carteles, que establecen alianzas muy frágiles con otros grupos criminales, y se libra por todo el país. Deja de ser una guerra por las drogas para convertirse en una guerra por feudos financiada por la droga. Es una insurgencia criminal, una rebelión armada sin ideología, que combate al Estado y crea poderes en la sombra.

 

ZETAS, CÁRTEL INTERNACIONAL

Grillo hace un énfasis especial en su libro sobre el grupo criminal de “Los Zetas”, de quienes explica que han tenido un crecimiento exponencial, “están presentes desde la frontera con EE UU hasta el interior de Centroamérica”. Abunda: “Los Zetas establecen un nuevo modelo de grupo criminal. Han creado un sistema piramidal de franquicias y se dedican a toda clase de delitos financiados por la droga. Cuando entran en un pueblo lo hacen como militares en un territorio que no es el suyo, identifican a los jefes del hampa, los ponen a trabajar para ellos y reclutan a los jóvenes. Emplean una violencia extrema, propia de sociópatas. Pueden ser unos 10.000 hombres armados. Solo en el Estado de Nuevo León son 1.500.

Dice que los sicarios en el país suman “decenas de miles… Si el Gobierno dice que la mayoría de los 55.000 muertos que ha habido desde 2007 eran sicarios y 120.000 han sido detenidos, ¿cuántos hay en la calle? La institución del sicariato, en el que se enrolan miles de jóvenes cada año, es una máquina de muerte. México debería empezar a hablar de proceso de paz”.

 

EL NARCO Y SU GUERRA CONTRA EL ESTADO

Algunos observadores han intentado, también, dar con nuevos conceptos para explicar lo que está sucediendo. Entre ellos se encuentra John Sullivan, quien argumenta que la violencia en México sólo puede ser conceptualizada como una “insurgencia criminal”. Aunque el argumento que aquí se presenta afirma que los nuevos términos son innecesarios, una mirada más cercana al análisis realizado por Sullivan sugiere que no sólo es uno de los observadores más astutos con los que cuenta Estados Unidos a la hora de abordar la expansión de la violencia en México, sino también que reconoce lo intrincado de la situación y lo difícil que resulta encasillar a estas realidades complejas dentro de una categoría.

 

UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA; LA CRUELDAD NO ES ALGO NUEVO

Phill Williams, director del Strategic Studies Institute, del United States Army War College, hace una reflexión con base en datos históricos para explicar el tono creciente de los asesinatos relacionados con el narcotráfico.

Dice que la violencia relacionada con las drogas en México ha presentado un crecimiento enorme en la última década. Es importante reconocer, empero, que el tráfico de drogas mexicano siempre ha sido brutal. Desde sus inicios, la industria de la droga en Sinaloa ha tenido cualidades violentas, materializa das en balaceras frecuentes. Luis Astorga ha descrito de forma vívida la manera en que los cultivadores de opio en Sinaloa que bajaron a las ciudades “comenzaron a utilizar los bares y los vecindarios en los que vivían como campos de batalla. Por esa razón, durante la década de los cincuenta, la prensa de Culiacán, la capital de Sinaloa, describía a la ciudad como ‘un nuevo Chicago con gánsteres en sandalias”. A menudo, las manifestaciones de agresividad eran encendidas de manera espontánea por el consumo de alcohol y enervantes. Conforme creció la industria, sin embargo, y a medida que la cocaína se consolidó como el producto más importante de entre los que movían las organizaciones mexicanas, la violencia se tornó más sistemática. La rivalidad entre los traficantes líderes a menudo parecía tener las características de una rivalidad sanguínea, y la violencia llegó a ser brutal.

También es necesario explorar la antipatía entre Félix Gallardo, por un lado, y Héctor Palma y el Chapo Guzmán, por el otro. Esto, para destacar ejemplos de actos brutales y gratuitos. En lo que con frecuencia es descrita como una venganza orquestada por Félix Gallardo, la esposa e hijos de Palma fueron asesinados. La cabeza de la mujer le fue enviada en una caja.

Además, ya en la década de los ochenta los traficantes estaban dispuestos a poner en su mira a oficiales y agentes del orden. Incluso el personal de Estados Unidos dejó de ser inmune, y en febrero de 1985 Enrique Camarena, un agente de la DEA norteamericana, fue secuestrado en Guadalajara. Posteriormente fue torturado y asesinado. En octubre de 1985, unos traficantes de marihuana asentados en la selva de Veracruz mataron a 22 policías, aunque no está claro si éstos querían arrestarlos o robar la mercancía. Los periódicos de la época describieron al suceso como “la peor masacre de agentes de policía en los tiempos modernos”.

En los noventa, la violencia fue más abierta. En 1993, el Cardenal Juan José Posadas Ocampo fue acribillado en el aeropuerto de Guadalajara cuando la Organización Arellano Félix y la pandilla `30th Street Gang´, de San Diego, intentaron sorprender al Chapo Guzmán. A inicios de 1994, fue asesinado el candidato del PRI a la presidencia, Luis Donaldo Colosio Murrieta, si bien cualquier vínculo de este evento con el crimen organizado es especulativo.

En agosto de 1997, después del fallecimiento de Amado Carillo durante una operación de cirugía plástica, la violencia explotó en Ciudad Juárez. Conocido como “El señor de los cielos” debido a su preferencia por mover la cocaína por vía aérea, Carrillo Fuentes había mantenido una posición dominante en el creciente negocio de la droga en México. Su muerte desató una escalada de la violencia, ya que sus rivales se enfrentaron entre sí para controlar sus negocios. El 3 de agosto de 1997, cuatro traficantes abrieron fuego en un restaurante, liquidando a tres hombres y dos mujeres e hi riendo a otras cuatro personas.9 Mientras emprendían la retirada, también mataron a un policía. Lo sorpresivo fue la naturaleza pública de los asesinatos. Como lo indicó un observador norteamericano, “aunque era común el ajuste de cuentas entre los narcotraficantes, rara vez se había colado hacia los lugares públicos”. Aunque en 1997 tales eventos eran poco usuales, después se tornaron lugar común.

En otras palabras, el tráfico de drogas en México jamás llegó a ser la industria tranquila que en ocasiones se menciona. La edad de oro guarda ese brillo únicamente en retrospectiva y cuando se le compara con los niveles de violencia actuales, mucho más elevados.

Las pandillas mexicanas tienen influencia en Estados Unidos, donde son consideradas un tema de “seguridad nacional”. En México tienen vasos comunicantes con “clicas” como la peligrosa “Marasalvatrucha”, que tiene más de 70 mil miembros, según cálculos de analistas especializados y agencias de seguridad. Policías mexicanas, muchas veces insertas en las redes de complicidad con las mafias criminales, no han podido atinar en la estrategia empleada por el presidente Felipe Calderón, a punto de terminar su mandato.

 

COLOMBIANOS Y MEXICANOS, ALIANZA CRIMINAL

El mismo Dr. Phil Willimas aborda el problema con una óptica internacionalista, donde el negocio del narcotráfico se modernizó y echó mano de recursos de todo tipo para acrecentar su poderío.

Explica: Las oportunidades se tornaron muy lucrativas en la década de 1980, ya que México asumió un rol protagónico en el tráfico de drogas en América Latina. En un sentido, esto fue una consecuencia no prevista de los esfuerzos de prohibición de Estados Unidos, que hicieron mucho más difícil que las organizaciones de tráfico colombianas enviaran cocaína a través del Caribe. Cuando los narcotraficantes colombianos comenzaron a moverse a través de México, se percataron de que el envío era más difícil de lo anticipado, en gran medida debido que a las redes de corrupción y crimen que unían a los traficantes y a los poderosos estaban ya formadas, y era difícil ingresar a ellas. Las barreras de entrada eran demasiadas. Como resultado, los traficantes colombianos optaron por apoyarse en intermediarios mexicanos. El pago en cocaína era una práctica a la alza.

 

NUEVAS Y ASOMBROSAS TECNOLOGÍAS

En el año de 1993 en Providencia, isla del caribe colombiano, fue hallada una curiosa embarcación denominada “Laura”, la primera de muchas naves que por sus características técnicas y el fin para el cual eran construidas, comenzaron y desde entonces a conocerse como “narco sumergibles”.

Hasta ese momento las embarcaciones con suficiente autonomía que utilizaban las diversas redes del narcotráfico eran lanchas rápidas, conocidas como “go fast”, que en principio usaban de dos hasta cinco motores, pero con muchos problemas de confiabilidad mecánica, por el desgaste al que se veían sometidas durante el transcurso del viaje desde las costas colombianas hasta México, las Bahamas o el sur de la Florida.

Su evolución comenzó convirtiéndolos en más seguros, sofisticados e incluso veloces, con estructuras y cubiertas de fibra de vidrio, motores diesel de 350 hp y con tripulaciones compuestas por entre tres y cuatro hombres con experiencia como marinos o pescadores. Pero también su capacidad de transporte ha aumentado con el transcurso del tiempo, desde una sola hasta diez toneladas en promedio, aunque han sido descubiertos en construcción algunos con capacidades desde las 12 y hasta las 15 toneladas.

Sus tanques de combustible les proporcionan una autonomía de aproximadamente tres mil kilómetros, contando además con tanques de lastre para flotabilidad y estabilidad, ventilación al exterior, tubos de escape y con sistemas de posicionamiento GPS y de navegación satelital, e incluso a algunos se les ha aplicado capas de plomo para evitar su detección por infrarrojo, lo que de alguna forma revela el grado de perfeccionamiento con el cual están trabajando en estos aparatos. El pago por el viaje para la tripulación oscila entre los 15 mil y hasta los 20 mil dólares, estando el del capitán en unos 30 mil USD. Se calcula que su fabricación puede costar hasta un millón y medio de dólares.

Los informes elaborados por los gobiernos de Colombia y Ecuador, dos de los principales lugares donde se fabrican y envían estos narco-submarinos y narco-sumergibles, señalan que sus rutas pasan de forma regular por costas mexicanas, donde hacen desembarques. En sentido contrario, son utilizados para sacar armas de Estados Unidos, las cuales acaban en el mercado mexicano principalmente.

Es larga la explicación, pero sirve para aproximarse a un conflicto grave que sufren los destinos turísticos más importantes de Quintana Roo, léase Cancún y Playa del Carmen, que se encuentran justo en el centro de la presión de estos intereses multinacionales donde tienen influencia las poderosas mafias del narcotráfico. @AntonioCallejo

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