El verdadero borgismo en apoyo de Carlos Joaquín


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Por Antonio Callejo

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+ Arturo Contreras Castillo fue un eficiente secretario de Gobierno en la administración de Miguel Borge Martín, quien a su vez podría ser considerado en estos términos como un destacado joaquinista, pero por Pedro Joaquín Coldwell

Cancún, Quintana Roo (21 de julio).- Durante un tiempo a la fecha funcionó a la perfección el análisis en blanco y negro del `borgismo malo´ y el `joaquinismo bueno´. Fue justo al triunfo de Carlos Joaquín González, hace casi tres años, cuando se machacaron esos conceptos simplones, para explicar la lógica de arranque del nuevo gobierno, sobre las ruinas del de su predecesor.

Como si la historia del poder y la política del estado se contara a partir de la llegada al poder del llamado `gobierno del cambio´.

Ese relato discursivo fue muy útil para darle espacio a Carlos Joaquín y su grupo, pues necesitaba asumir las riendas de la gobernanza, y desmantelar al mismo tiempo a los restos de la administración anterior, que más bien operó como una mafia para el saqueo.

Hoy, sin embargo, está haciendo falta el análisis del cómo y por qué, el gobierno de Carlos Joaquín se está apoyando en el verdadero `borgismo´, para mantener la gobernabilidad en el estado, en un momento de extrema dificultad para su administración.

El doctor Jorge Arturo Contreras Castillo fue nombrado encargado del despacho de la Secretaría de Gobierno, siendo el número uno del verdadero `borgismo´ quintanarroense.

Chetumaleño, político a toda prueba, conciliador, eficiente negociador y en algún momento, alfil de ese borgismo para ocupar la gubernatura. Frustrado por las vesanias del villanuevismo.

Dicen que los extremos se tocan. Y también, que las líneas paralelas se cruzan en los polos. Ambas frases sirven para explicar lo que ocurre en la política local.

Para empezar y como principio de orden, hay que decir que Roberto Borge Angulo, el ex gobernador, no formó ningún grupo político. No es ni fue nunca la cabeza de un grupo político.

Roberto Borge fue, en todo caso, miembro del grupo político que formó y que encabeza Félix González Canto, quien lo impuso en su momento como candidato a gobernador.

Pero una vez en el cargo, Roberto Borge se reveló la verdadera vocación de ladrón, que se allegó de colaboradores para auditar hasta el último rincón de la administración estatal, con la intención clara y principal de identificar todo que fuera posible robarse. Cómo y cuándo. No tardó nada, puso manos a la obra.

Bajo esa línea de acción conformó su grupo de colaboradores `cómplices´ cercanos.

El verdadero borgismo, que sí lo hay, lo encabeza Miguel Borge Martín, quien gobernó entre 1987 y 1993. Y nada tiene que ver en términos políticos, únicamente familiares, con Roberto Borge.

Miguel Borge fue asesor del gobierno de David Gustavo Gutiérrez Ruiz, secretario de Vivienda con Jesús Martínez Ross y secretario de Desarrollo Económico con Pedro Joaquín Coldwell. Es ingeniero aeronáutico, egresado el Instituto Politécnico Nacional, tiene una maestría en la Universidad de Brown y un doctorado en la Universidad de París; fue catedrático del Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Iberoamericana y la Universidad Nacional Autónoma de México. En la administración de Joaquín Hendricks Díaz, ya como ex gobernador, fue director de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Cancún.

Al terminar su administración, en 1993, fue perseguido por su sucesor, Mario Villanueva Madrid, quien no logró encarcelarlo por la intervención del entonces secretario de Gobernación, Patrocinio González Blanco Garrido.

Villanueva, sin embargo, si metió en prisión a una docena de colaboradores de Borge Martín, entre ellos a Arturo Contreras Castillo, a quien acusaron malamente de desvío de fondos cuando fue presidente municipal de Benito Juárez (Cancún).

Arturo Contreras Castillo fue un eficiente secretario de Gobierno en la administración de Miguel Borge Martín, quien a su vez podría ser considerado en estos términos como un destacado joaquinista, pero por Pedro Joaquín Coldwell.

Y así, en una especie de rueda de la fortuna política, ese “joaquinismo que detesta al borgismo”, al menos en el relato de los analistas que se olvidaron de la historia, se vuelven a poner hombro con hombro, a colaborar para enfrentar el nuevo escenario político con todos sus retos y dificultades.

Porque a la suma de los problemas que representan el ambiente de inseguridad y la crisis por el arribo masivo de sargazo, por ejemplo, hay que añadirle la presión que representa la presencia de una oposición poderosa, que se nutre desde el morenismo de Andrés Manuel López Obrador y su proyecto de gobierno absolutista y unipersonal.

Ese `morenismo´, si bien caótico y desarticulado, tiene un músculo importante y un fuerte respaldo desde el gobierno central. Busca controlar la Legislatura local y suceder a Carlos Joaquín, con alguna de las cabezas de su Hidra.

El gobernador tiene un escenario bien complejo y muchos nudos por resolver para destejer lo que resta de su sexenio.

Le viene bien la colaboración de un secretario de gobierno que se mueve mejor al aire libre, que no elude los conflictos y que acude a resolver y prevenir. Es un destacado borgista en apoyo del gobierno del cambio.

 

Manuel Díaz Carvajal, otro borgista, al Congreso

Y hablando del verdadero `borgismo´, es oportuno recordar que el actual presidente del PRI estatal, Manuel Díaz Carvajal, fue secretario de Obras Públicas en el sexenio de Miguel Borge Martín. No sobra decir que ocupará una diputación en la venidera XVI Legislatura, luego de que el Teqroo le concedió una plurinominal más al tricolor. Su voto será clave en apoyo, o no, de este trayecto de cierre de la administración de Carlos Joaquín. @AntonioCallejo

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