Mara no es la misma

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» Nada qué ver con aquella comunicadora que se presentaba sola, como una promesa y al escrutinio severo del gobierno que empezaba

» Mara llega a este punto con un cúmulo importante de alianzas, incluso impensables para algunos presuntos expertos de la política

» Y para entendidos, alude al “resplandor de la madera”, una clara referencia de su intención de marchar al Sur, hacia la capital del estado

Cancún, Quintana Roo.- A tres años de distancia, desde aquel momento en el que la comunicadora se plantó por primera vez frente a todo el nudo de intereses que convergen y hierven en Cancún, Mara Lezama ya no es la misma.

Anoche, en su segunda toma de protesta para presidir por inédita segunda ocasión al ayuntamiento responsable de Cancún –el destino turístico más importante de Latinoamérica–, los ojos y oídos que la observaron y escucharon en ese recinto físico, ya no tuvieron ni por asomo la intención de escrutar a una nobel política.

Hace tres años, Mara se presentaba, sí con el respaldo a distancia del presidente que la impulsó como candidata, y con el voto ciudadano a su favor, pero sola en cuanto a los actores y voces influyentes del panorama político y empresarial del estado.

Se le veía como una incierta propuesta para gobernar al municipio más importante del estado, el que concentra más de la mitad de los ciudadanos y aporta el motor económico que anima prácticamente una gran región de la Península.

Desde el primer momento, sus dichos y sus acciones fueron sometidos a una severa revisión.

No fue fácil para ella descubrir que no iba a ser tan fácil. En el camino se enfrentó a graves y poderosos intereses.

Además de la pandemia y los varios fenómenos climáticos que pusieron a prueba su liderazgo, enfrentó estoica una crisis en seguridad pública que estuvo a punto de descarrilarla, excepto porque maniobró oportuna y hábilmente para controlar los daños y reparar a víctimas.

Salió delante de un litigio contra poderosos intereses que hacían de la basura un pingue negocio, pero que abandonaron a la ciudadanía con montañas de basura pudriéndose.

Y se creció ante esa adversidad.

Para nada se puede comparar aquella ocasión, de hace tres años, cuando enternecían los ojos arrobados de una política emergente, que proponía ingenuamente empezar cambiándole el nombre al municipio, y que bromeaba franca y abierta sobre la vida amorosa de sus colaboradores.

Empezó su mandato con los ojos severos y numerosas críticas bien y mal intencionadas al por mayor.

Aprendió prudencia rápido, a fuerza de invectivas.

En esta ocasión, una vez librada la gran batalla de este fenecido trienio, el ambiente de su nueva asunción fue totalmente distinto.

Cómoda ella, bien plantada, pronunció un rotundo y generoso discurso que no dejó nada para la imaginación, ni a nadie sin una alusión precisa.

Invitó a todos, llamó a todos. Sin distingos.

Mara llega a este punto con un cúmulo importante de alianzas, incluso impensables para algunos presuntos expertos de la política.

Con una cauda de aliados que quieren acompañarle bien y de buenas por si acaso llegara a ser la candidata de Morena al gobierno del estado.

Porque lo de esta noche de miércoles fue completamente distinto.

Quienes acudieron como invitados, dieron su aprobación tácita al desempeño de quien será por segunda ocasión presidente municipal de Benito Juárez, y para lo que venga para ella.

Su presencia envolvió a Mara en un manto aliado. Sí por el interés de la comunidad principalmente, pero también, en numerosos casos, por intereses individuales.

No se trata de ser ingenuos.

Mara contó con la presencia de un robusto grupo de personalidades de todos los ámbitos, que le aportaron un arropamiento y respaldo importante para su proyecto presente y su futuro inmediato.

Esa fue la lectura.

Tiene una enorme cauda de aliados y aliadas.

Fue curioso como algunos personajes, que no necesariamente tienen relaciones cordiales con otros invitados, pasaron por alto sus diferencias momentáneamente, si al final tienen en común una buena relación con la doblemente presidente municipal.

Por poner un ejemplo, la convocatoria reunió a la cúpula de Morena, en las personas de su presidente, Mario Delgado, y su secretaria general, Citlali Hernández, quienes obviaron los desencuentros que mantienen con el gobernador, Carlos Joaquín, y con Yeidcokl Polensky, presentes también en esta coincidencia de afectos y pareceres con Mara.

Los ex gobernadores, Joaquín Hendricks y Félix González Canto, hicieron lo propio.

La presencia de Rogelio Jiménez Pons, el encargado del que es sin duda el proyecto de infraestructura más mediático e importante del sexenio, el Tren Maya, le aportó una aprobación especial por parte del gobierno federal y su 4T.

Ni qué decir del `súper delegado´, Arturo Abreu, amigo personalísimo del presidente Andrés Manuel López Obrador.

No menos importante fue la presencia de la delegación del Ejército Nacional, encargado de la ceremonia de homenajes al lábaro patrio.

Y los llamados insistentes de Mara a trabajar en unidad por el municipio.

Mara no es la misma porque hoy tiene el conocimiento y la experiencia que acumuló durante tres años de una situación de crisis constante.

Aprendió al grado de que hoy les saca una notable ventaja a muchos políticos y políticas presuntamente experimentados.

EL DISCURSO TUVO UN GUIÑO PARA EL SUR

Es cierto que el discurso pronunciado por Mara Lezama este miércoles por la noche, enfatizó y circunscribió su ámbito de acción al municipio.

Así tenía que ser, pues fue electa por los benitojuarenses.

Hay que le reprocha que no tuvo un lance más allá, para suponerse una política con ambiciones o capacidad de proyección más allá del municipio.

Sin embargo, para los conocedores, en los párrafos finales, hubo una mención muy clara acerca de la historia de Chetumal, en el extremo sur del estado, hacia donde claramente quiere dirigir su marcha Mara Lezama.

Así dice el párrafo:

“Somos producto de la historia que se forjó entre la marisma y los humedales, de las manos que dieron forma al resplandor de la madera, de una aldea que nació como comunidad pesquera y que hoy sale a pescar con optimismo y convicción en nuevos mercados y vocaciones productivas”.

He aquí el guiño:

“El resplandor de la madera” es el título de una de las varias novelas del escritor e historiador más notable de Quintana Roo.

Héctor Aguilar, chetumaleño de nacimiento, tiene varias obras en las que luce su ciudad natal como parte del paisaje.

Esa alusión a “las manos que le dieron forma al resplandor de la madera”, es un concepto que entienden bien los habitantes de la zona Sur del estado, donde está el asiento de la Capital de Quintana Roo.

Este es un fragmento de la novela de Héctor Aguilar:
Carrizales: I

En el principio fue el pontón militar junto a la boca del río. y la bulla de los monos saraguatos, chillando tras el mangle y la madera, como si le gritaran a la luna. No hay testigo que pueda recordarlo pero consta en las actas de Presciliano el Cronista, quien esto escribe, que pusieron el pontón ahí para impedir que llegaran rifles y alcohol hasta los indios de tierra adentro, alzados desde medio siglo atrás. Lo anclaron doscientos hombres de la marina, al mando del almirante Poncio Nevares, quien declaró fundado el pueblo por primera vez cuando clavaron la primera estaca de la primera tienda de campaña. Era, como se sabe, el lugar más fangoso y estancado de la bahía, donde menos pegaba la brisa y donde recalaban más desperdicios del mar, pero era el punto cercano a la bocana que debían vigilar y así nació el pueblo de Carrizales, a rajatabla, no donde quiso el amor, sino la guerra.

Y sin duda se trata de Chetumal con el pontón de Ohtón. P. Blanco.

Mara apunta al Sur. @AntonioCallejo

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