UN CANCÚN DEL SIGLO 19, O SU NUEVA INQUISICIÓN

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Por Antonio Callejo

Cancún, Quintana Roo. – La cancelación de conciertos musicales con el argumento de que promueven la violencia, o de que hacen apología del narcotráfico, es una visión chata, mojigata e incluso hipócrita.

No se entendería una medida así en estos tiempos, ni siquiera de un gobierno panista.

Es una forma de cerrar los ojos a un fenómeno que no se quiere ver, menos aún entender, pero que allí está.

Lo más extraño, es que ocurrió en Cancún, una ciudad que presume modernidad, pluralidad y tolerancia. Raro también que el encargado de ejecutar dicha medida, haya sido Jorge Aguilar Osorio, secretario del ayuntamiento, quien se supone que está formado en la izquierda.

Veamos:

El género del `narco-corrido´ es tan viejo como los Tigres del norte o los Tucanes de Tijuana, si hablamos de sus más conocidos expositores. Estamos hablando de varias décadas, prácticamente desde el siglo pasado.

Y su bisabuelo, el corrido, nació prácticamente desde principios del siglo pasado, con la Revolución mexicana.

Son piezas musicales que cumplen la función de comunicar sucesos, anécdotas o perfiles de personajes, ciertamente de la revolución en su momento, pero también del mundo del narcotráfico.

La narrativa de esta lírica relata lo que sucede. Es un retrato de la realidad, desde el punto de vista del autor de la letra. Es decir, abreva de una realidad.

Visto así, prohibir en una ciudad que se presenten canta-autores cuya obra aborde este tema, es como meter la cabeza a un agujero, como un avestruz, o ponerse una banda en los ojos. La realidad es la realidad, no va a dejar de ocurrir.

Y el efecto de esa prohibición es peor, porque entonces ni siquiera se entiende el fenómeno social que está ocurriendo.

“PESO PLUMA” Y LA INTERNACIONALIZACIÓN DEL NARCO-CORRIDO

Hace apenas unas semanas, el mundo latino de la música popular fue escenario de un vuelco muy importante.

El reggeaton, un género que extendía su reinado por años, hasta ese momento, se vio desplazado de forma abrupta, por la obra musical de un joven jalisciense llamado Hassan Emilio Kabande Laija, mejor conocido como “Peso pluma”.

Es la primera vez que un músico o un grupo musical mexicano se montan en una lista internacional, compitiendo de tú a tú con Miley Cyrus, Shakira o el mismísimo Bad Bunny.

Un par de sus canciones (Ella baila sola y Bebé), se colocaron y permanecen aún en los primeros sitios de reproducción en plataformas musicales, tales como Spotify.

La atención de los consumidores de música en Latinoamérica, parte de Estados Unidos y Europa, está hoy centrada en la producción de estos músicos, a quienes se puede decir que “Peso pluma” les está abriendo la puerta a la internacionalización.

Eso no puede ser malo para los músicos de México.

Es cierto que en su repertorio, Peso pluma y otros varios exponentes de lo que se conoce como `género regional mexicano´, incluyen piezas que hacen relatos sobre anécdotas de personajes del narcotráfico, pero no es el cien por ciento de su producción.

Y aunque así fuera, son artistas que tienen una visión de la calle y su función, si se quiere ver así, es precisamente, es interpretar su realidad y brindarnos su visión.

Son exitosos, muy exitosos, precisamente porque sus seguidores están en la misma sintonía, viendo un mundo que gobiernos mojigatos no pueden entender, mucho menos influir para reencauzarlos.

LA NARRATIVA DE LA MAFIA SIEMPRE ES ATRACTIVA EN LA MÚSICA Y EL CINE

El argumento de que se debe prohibir la exhibición de obras con una narrativa que haga “apología” de la violencia es absurdo.

En el cine la saga de “El padrino”, “Buenos muchachos”, “Casino”, “Cara cortada”, y decenas de películas que retratan la estética y el modus operandi de las mafias de Nueva York, Chicago o Miami, son clásicos dignos de premios Óscar.

Y ni se diga de todas las narco-series que se exhiben en Netflix, relatando a las mafias colombiana y mexicana del extinto Pablo Escobar, o del encarcelado Joaquín “El Chapo” Guzmán.

No se pueden ni se deben prohibir, como si estuviéramos en el siglo 19 o como si reviviera una Santa Inquisición que nos diga qué si es de buenas costumbres.

La realidad es la realidad, y cada quien la cuenta según sus herramientas y capacidades. 21.05.2023 @AntonioCallejo

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