Banderazo en Tulum a la segunda vuelta de Marciano Dzul

A cuatro días de haber tomado las riendas de uno de los municipios más prósperos, pero también más complejos de Quintana Roo, el alcalde de Tulum, Marciano Dzul Caamal, encabezó su primer acto público como presidente al dar el banderazo de salida a nueve camiones recolectores de basura para atender, de manera inmediata, uno de los más sentidos reclamos de los tulumnenses.

Mucho simbolismo tanto en el acto como el mensaje. Para Marciano Dzul, este banderazo marca de manera formal el arranque de su segunda vuelta como presidente municipal, en la que tiene el propósito de romper el dicho de que “segundas partes nunca son buenas”.

Sin duda, gobernar a Tulum en esta nueva etapa representa un gran desafío para este político de la zona maya, pues las condiciones políticas, administrativas y sociales, no son las mismas a cuando le tocó gobernar por primera vez. Desde entonces, Tulum ha crecido de manera acelerada y ha prosperado económicamente, pero también han crecido sus problemas.

Marciano tiene tres ventajas para enfrentar con éxito este desafío; en primer lugar, su amor y arraigo a su tierra. En segundo lugar, sus valores personales y su fe, cosa poco común de ver en los políticos de estos días, que le dan una brújula moral para navegar en medio de aguas turbulentas; y por último, el hecho de que está plenamente consciente del enorme compromiso que tiene con la mayoría de los tulumnenses que se volcaron a las urnas exigiendo un cambio profundo en Tulum, después de un trienio de pesadilla.

Así lo dejó ver en su discurso de este lunes, reiterando que el compromiso de su gobierno no es con una pandilla de cuates, con un grupo político o con un partido, sino con la gente. Punto.

Al igual que en otros municipios, en Tulum hay una enorme expectativa. Se respira entusiasmo y se anhela un cambio de aires, para bien. Marciano Dzul tiene la gran oportunidad de convertir ese anhelo social en una realidad en Tulum, pero debe tener cuidado en el transitar porque no será fácil y porque, la expectativa, suele convertirse en impaciencia social y, cuando no hay respuesta, en desencanto.

Por lo pronto, el arranque ha sido firme y con pie derecho.

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